sábado, 4 de diciembre de 2010

Adviento, un Tiempo para Conocer a Dios y guardar su ley


Queridos diocesanos:

Con el comienzo del tiempo del Adviento los catecúmenos, es decir, quienes se preparan para ser bautizadas mediante la instrucción en la fe y la introducción paulatina en la comunidad cristiana, son recibidos por el Obispo en la Catedral, donde tiene lugar el rito de la elección. Con este rito comienza el llamado «segundo grado» del catecumenado, un tiempo de “purificación y de iluminación”, durante el cual los candidatos al bautismo realizan la inscripción del nombre, responden públicamente al interrogatorio del Obispo, quien los admite o «elige» para ser bautizados y ora con la comunidad por ellos.

A este rito seguirán, dentro del proceso de iniciación en la fe del catecumenado y en los domingos de la próxima Cuaresma, los exámenes o «escrutinios», recibiendo la «entrega» del símbolo de la fe o Credo y la oración dominical o Padrenuestro. Éstos y otros ritos complementarios dan paso al «tercer grado» del catecumenado durante el cual se produce la iniciación sacramental de los catecúmenos; es decir, la recepción del Bautismo, Confirmación y Eucaristía en la Vigilia pascual o en los domingos de Pascua.

El catecumenado es una institución que adquiere peso cada vez mayor en una sociedad en la que muchos nacen alejados de la fe y, ya adolescentes y jóvenes, o ya adultos, han de tomar por sí mismos la decisión de incorporarse a la Iglesia. Para ello se hace precisa la catequesis y la introducción en la experiencia de la fe que conduce al conocimiento de Dios y a la oración; y con ello, a la progresiva introducción en la Iglesia mediante la iniciación sacramental. No se llega a ser cristiano sin el acceso a la revelación del misterio de Dios transmitido por la Iglesia, conforme al mandato de Cristo, y sin la apropiación personal del código de conducta que dimana del Evangelio de Cristo y viene exigido por la adhesión a su persona.

En este proceso de catequesis y conocimiento de Dios se impone la transmisión de la verdad revelada, el conocimiento de la Verdad que es Dios mismo, que se manifiesta al que cree en la predicación de la Iglesia. Conocimiento que incluye la propuesta, por parte de la Iglesia, y la aceptación, por parte del que pide el bautismo, del código evangélico de conducta moral. Sin la observancia de los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia no es posible ser cristianos coherentes con la fe que el bautismo exige profesar a los catecúmenos.

Se impone esta reflexión en un momento en el que es patente la pretensión de pasar por cristiano sin voluntad alguna de seguir el código de conducta moral que identifica a los discípulos de Cristo, dando por superada la moral católica, expuesta a descalificación reiterada en una sociedad que, sin embargo, no se puede entender sin la práctica de aquellas virtudes que orientan los valores cristianos.

La instrucción en la fe en la catequesis y el catecumenado de adultos es un “momento esencial” del proceso de evangelización que requiere la sociedad secularizada de nuestros días; y tal como observa el Directorio general para la Catequesis, no sólo hemos de tener presente que a los catequizandos, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, la Iglesia les propone en la catequesis y el catecumenado, prolongados en la predicación dominical y la formación cristiana, no sólo el conocimiento de los artículos de la fe, es decir, el símbolo o credo de nuestra fe, sino asimismo, de acuerdo con la estructura del catecismo, sino también los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia. Dogma y moral son inseparables, y del conocimiento de la revelación divina y del código de conducta es asimismo inseprable el Padrenuestro, es decir, la oración y la vida sacramental, que son objetivo de la misma catequesis. Se entiende así que, en efecto, la instrucción en la fe que es la catequesis tienda sea del todo necesaria para la iniciación en la vida sacramental de los catequizandos: los niños y jóvenes bautizados de infantes y los catecúmenos adultos. Por ser así, no habrá verdadera instrucción en la fe sin una necesaria prolongación de la instrucción en la fe por parte de los que vivimos insertos en la vida de la Iglesia y pasamos por discípulos de Cristo. ¿Cómo pueden mantenerse como miembros vivos de la Iglesia quienes no tienen ni voluntad in interés en la instrucción y formación adulta en la fe? Y ¿cómo podrán mantenerse como discípulos de Cristo quienes no tienen voluntad de guardar los mandamientos de Dios y de la Iglesia?

Con mi afecto y bendición en este tiempo santo del Adviento y siempre.

Almería, a 5 de diciembre de 2010

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

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